Una final con olor a playoff y a “mérito, realidad y equipo”

El Sierra San Vicente se jugará el playoff de ascenso este sábado en la pista de un Villarrobledo construido para subir y convertido en una de las defensas más duras del campeonato. Chema Blanco, fiel al “mérito, realidad y equipo”, apela al carácter competitivo de un grupo joven y ambicioso que llega a la última jornada dependiendo de sí mismo para seguir soñando con la Segunda B.

La temporada se comprime en 40 minutos. No hay más margen, no hay más red y tampoco más cálculos. El Sierra San Vicente afronta este sábado en Villarrobledo (18:00 horas) una de esas tardes que separan los buenos cursos de las temporadas que dejan huella. Una final con olor a playoff, tensión de ascenso y el peso competitivo de dos equipos hechos para resistir al límite. El conjunto de Chema Blanco llega a la última jornada segundo del Grupo XVI de Tercera División con 58 puntos, uno por encima de Futsal La Celestina. La ecuación es sencilla y cruel al mismo tiempo: ganar para certificar matemáticamente la plaza de playoff y seguir soñando con el salto a Segunda B. Todo ello mientras La Celestina recibe a un Menasalbas sin demasiado en juego y con la lógica empujando hacia la victoria local. El Sierra sabe que no puede mirar a otra pista. La obligación está en Villarrobledo. Y no será un escenario amable. Enfrente aparece un Futsal Villarrobledo confeccionado para pelear el ascenso, aunque el curso no haya terminado de responder a las expectativas. Un bloque físico, rocoso, incómodo, especialista en bajar los partidos al barro competitivo y en convertir cada posesión en un desgaste constante. El menos goleador de la categoría, sí, pero también uno de esos rivales que obligan a jugar siempre al límite de concentración. Ahí aparece una de las grandes contradicciones de esta previa. Villarrobledo vive desde la resistencia; el Sierra, desde la intensidad. Los locales buscarán el choque largo, espeso y físico. Los de Chema Blanco intentarán romperlo desde la transición, la recuperación agresiva y ese vértigo competitivo que les ha convertido en uno de los equipos más fiables del tramo final de temporada.

Porque el Sierra llega curtido. Más allá de algún tropiezo reciente, el conjunto toledano ha firmado una segunda vuelta de enorme consistencia. Solo una derrota en las últimas jornadas ante el líder Guadalajara y una dinámica competitiva construida desde el orden defensivo, la estrategia y la madurez de un grupo que ha sabido crecer mientras competía. Ahí está una de las claves que más repite su entrenador: el gol de estrategia como desbloqueo emocional y táctico de los partidos. Cuando el encuentro se atasca, el Sierra encuentra aire en una pizarra trabajada hasta el detalle. Un saque de esquina, una acción ensayada, un balón parado capaz de abrir la lata y obligar al rival a salir de la cueva. Entonces cambia todo. El partido se estira, aparecen los espacios y emerge una de las grandes virtudes del equipo: la transición ofensiva. Chema Blanco lo resume desde una idea muy concreta: defender durísimo para atacar mejor. El técnico no esconde la identidad de su equipo ni tampoco la personalidad con la que vive cada partido. Activo en la banda, gesticulante, eléctrico, alejado del protocolo del traje y mucho más cercano al chándal negro que representa los colores del club. Una imagen que encaja con el discurso competitivo del Sierra: trabajo, energía y pertenencia. Y precisamente ahí nacen las palabras que más han acompañado al vestuario durante todo el curso: “mérito, realidad y equipo”. Mérito porque el Sierra ha construido su temporada desde el esfuerzo diario. Realidad porque el grupo entendió desde el primer día que el crecimiento iba a necesitar tiempo, especialmente con una plantilla muy joven. Y equipo porque el club sigue defendiendo una identidad colectiva donde el primer equipo también representa a la cantera y a los pequeños que vienen detrás. Con esa mezcla de juventud, ambición y sentido competitivo, el Sierra llega a Villarrobledo dispuesto a jugarse algo más que tres puntos. Se juega la continuidad de un proyecto, la posibilidad de pelear por el ascenso y el premio emocional a una temporada de resistencia constante. Ahora ya no hay discursos largos ni margen para esconderse. Solo queda competir. El playoff espera. Y el Sierra quiere ganarse el derecho a seguir soñando.



Redacción: Óscar Bonilla
Imagen:Tania Fernández

10/05/2026