El ‘caso Rubén’ ya es una realidad tras su exhibición en Setúbal

Rubén Gutiérrez firma una exhibición de resistencia en Setúbal, domina su categoría y se mete entre los mejores en un desafío sin tregua.

Rubén Gutiérrez no compitió en Setúbal: marcó territorio. En una de esas jornadas que separan a los que participan de los que compiten de verdad, el nadador español convirtió la 6ª Setúbal Open Water Race en un ejercicio de resistencia, lectura de carrera y carácter competitivo. La prueba portuguesa, disputada el 28 de marzo en la exigente bahía de Arrábida, sigue creciendo sin freno. 730 nadadores en línea de salida récord absoluto y un formato que la hace distinta a cualquier otra: salidas escalonadas, ocho nadadores cada cinco segundos, y una clasificación que no se decide en el agua, sino en el reloj. Aquí no hay referencias claras, no hay duelo directo constante. Aquí gana el que mejor se administra… o el que menos falla. Y en ese terreno, Gutiérrez jugó con ventaja. El reto era mayúsculo: 3.000, 1.500 y 750 metros en menos de tres horas y media. Un tríptico reservado para especialistas con motor y cabeza. Solo 44 nadadores se atrevieron. Rubén, que ya conocía la prueba tras su regreso el año pasado después de una operación, volvió con una idea clara: competir… y medir hasta dónde llegaba. Arrancó en los 3.000 con decisión. Cuarta oleada, sin referencias claras, pero con ritmo desde la arena. En pocos metros ya estaba absorbiendo nadadores de salidas anteriores, formando un grupo que acabaría marcando su carrera. Hubo dudas tácticas un paso por arena que descolocó a más de uno, pero no errores. Gutiérrez cerró con un sólido 48:38: 13º absoluto y subcampeón máster (45-54). Primer aviso. Con apenas una hora de margen, se lanzó al 1.500. Aquí ya no hay margen para construir: hay que sostener. Y Rubén sostuvo. Paró el crono en 22:01, repitiendo subcampeonato en su categoría y manteniéndose dentro del top-15 absoluto. Pero más allá del resultado, dejó una lectura clara: seguía en carrera… cuando otros ya empezaban a caerse. El duelo con Hugo Torres, su referencia directa, añadía picante. Estrategias cruzadas, salidas desfasadas y una persecución constante que convertía cada boya en un punto de control. Y llegó el 750. El terreno donde se gana… o se pierde todo lo anterior. Sin apenas recuperación, Gutiérrez volvió al cajón con una misión: recortar. Salía por detrás, con desventaja en tiempo, pero con algo más de gasolina de lo que parecía. Lo hizo. Metro a metro. Hasta cazar a su rival en la arena, bajo el arco de meta. 10:33, décimo absoluto y esta vez sí, victoria en categoría máster. Un golpe final de autoridad.

La suma lo explica todo: 1h21:12 en el global, Top 10 absoluto, quinto mejor hombre y campeón máster con margen. Pero los números, esta vez, se quedan cortos. Porque lo de Setúbal no va solo de tiempos. Va de contexto. Agua a 13 grados, corrientes cambiantes en la desembocadura del Sado, un formato que penaliza el error y una acumulación de esfuerzo que no admite excusas. Ahí es donde Gutiérrez marcó la diferencia. No fue el más rápido en una sola prueba. Fue el más constante en todas. El que entendió la carrera cuando otros dudaban. El que siguió compitiendo cuando el cuerpo ya pedía otra cosa. En Setúbal, Rubén Gutiérrez no solo ganó su categoría. Se ganó algo más importante: ser tenido en cuenta. Y eso, en este deporte, no se regala. Se nada.



Redacción: Óscar Bonilla
Imagen: Rubén Gutiérrez

01/04/2026