El talaverano Manu Trigueros puso punto final a su carrera en el fútbol profesional tras 17 temporadas, disputando su último partido con el Granada CF en el Nuevo Los Cármenes ante el Sporting de Gijón. El centrocampista se marchó en el minuto 60 entre una gran ovación y visiblemente emocionado, dejando atrás una trayectoria marcada por el trabajo, la constancia y el respeto.
El fútbol rara vez ofrece despedidas limpias, sin ruido alrededor del marcador. Pero hay partidos que quedan marcados no por lo que se juega, sino por lo que se cierra. El del Nuevo Los Cármenes entre Granada y Sporting de Gijón (1-2) fue uno de esos. Un encuentro que terminó en derrota local, pero que acabó convertido en homenaje implícito a la figura de Manu Trigueros, que disputó su último partido como profesional tras 17 temporadas en la élite. El talaverano salió al césped sabiendo que todo tenía un final anunciado. El Granada se jugaba puntos en casa, pero el contexto emocional era inevitable: el del último servicio de un futbolista que ha construido su carrera desde la constancia, lejos del foco mediático y con una regularidad que le permitió ser durante años una pieza fija en el Villarreal antes de cerrar su etapa en el conjunto nazarí.
El partido comenzó con un Sporting más eficaz, capaz de golpear en los momentos clave y obligar al Granada a remar contracorriente. El equipo local intentó asumir el control a través de la posesión y del empuje por bandas, pero le faltó precisión en los últimos metros y continuidad en el ritmo. El 1-2 final reflejó esa falta de contundencia, con un Granada que lo intentó hasta el final pero sin premio. En ese contexto, la figura de Trigueros fue más simbólica que determinante. Ubicado en el centro del campo, intentó dar orden, pausa y criterio en la circulación, como ha hecho durante toda su carrera. Sin grandes alardes, con la naturalidad de quien ha repetido ese papel durante años en escenarios de máxima exigencia. Cada intervención suya era recibida con una mezcla de normalidad competitiva y consciencia de despedida. El momento clave llegó en el minuto 60. El dorsal de Trigueros fue sustituido y el estadio se detuvo durante unos segundos que valieron más que cualquier estadística. El centrocampista abandonó el terreno de juego entre una ovación cerrada del Nuevo Los Cármenes, con compañeros, rivales y grada unidos en un mismo gesto. No fue un aplauso protocolario, sino uno de reconocimiento real a una trayectoria larga, sostenida y sin estridencias. En el banquillo, el jugador vivió uno de esos instantes difíciles de encajar en caliente. El fútbol se le escapaba por última vez como profesión activa. A partir de ahí, el partido siguió, pero ya con otro foco. El Granada intentó reaccionar, empujado por orgullo más que por estructura, pero el marcador no se movió a su favor.
Tras el encuentro, Trigueros puso palabras a lo vivido con una mezcla de serenidad y emoción contenida. “Siento alegría y pena al mismo tiempo por irme del fútbol profesional”, resumió, consciente de la dualidad del momento. Alegría por el camino recorrido, por una carrera de 17 temporadas en la élite; y pena por el final inevitable de cualquier trayectoria deportiva. También dejó una reflexión más íntima sobre lo que supone este cierre: “Se te vienen muchas cosas a la cabeza y sientes mucho orgullo por la trayectoria”. Un balance que encaja con el perfil de un jugador que ha hecho del trabajo y la regularidad su sello. Sin focos excesivos, pero con peso específico en vestuarios y en el juego. Porque la carrera de Trigueros no se entiende sin su etapa en el Villarreal, donde se consolidó como uno de los centrocampistas más fiables de su generación, acumulando centenares de partidos en la élite y participando en una de las etapas más estables del club amarillo. Su paso por el Granada ha sido el epílogo de un recorrido largo, más de fondo que de brillo puntual, pero consistente.
El pitido final dejó al Granada con una derrota que duele en lo clasificatorio, pero que quedó inevitablemente relegada a un segundo plano emocional. El fútbol, en esta ocasión, se inclinó hacia la historia del jugador. No hubo título, no hubo clasificación en juego para él, pero sí un cierre compartido con una grada que supo identificar el momento. El minuto 60 fue el punto de inflexión. El instante en el que un futbolista deja de ser presente para convertirse en memoria. Y en ese tránsito, el estadio respondió como suelen responder los escenarios que entienden de despedidas: con respeto, con aplausos largos y con la sensación de estar asistiendo a algo definitivo. Trigueros se fue sin estridencias, como jugó casi siempre. Y eso, en el fútbol moderno, también es una forma de dejar huella.
31/05/2026
Volantazo final: el Enertel FS Talavera pierde ante Valdepeñas (3-6) en un cierre loco y se queda sin récord de puntos
El Enertel FS Talavera cierra la temporada con derrota ante...
Leer másEl talaverano Trigueros se despide entre emoción y ovación en Los Cármenes: “Siento alegría y pena a la vez”
El talaverano Manu Trigueros puso punto final a su carrera...
Leer másGran cierre de temporada para Expresión Rítmica Talavera en el Trofeo Alameda de la Sagra
El Expresión Rítmica Talavera puso el broche a la temporada...
Leer másLa generación de 2007 cierra su etapa en el FS Talavera y da el salto al fútbol sala sénior
El último encuentro de la temporada sirvió también para rendir...
Leer más
